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Francesc Pinto Oller

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Otro puto blog

Siempre digo la verdad, incluso cuando miento digo la verdad.
15 febbraio

Cita a ciegas

 
Mientras Inés esperaba en la mesa del restaurante a que llegara el desconocido con el que había quedado, se puso a juguetear con el tenedor entre sus dedos, reflexionando. Le conoció una semana atrás por internet, en una sala de chat, y sólo sabía de él que era alguien muy culto, de carácter sobrio y que se hacía llamar M. No es que estuviera desesperada por un hombre, pero el hecho de ser ciega le cerraba alguna que otra puerta en el ámbito amoroso, así que había decidido comprarse un ordenador con teclado en braille para, al menos, conocer gente fuera de sus círculos habituales. De momento ya había conseguido esta cita. Y sin mentir sobre su ceguera.

 
Finalmente llegó M. Dejó en el suelo algun tipo de utensilio alargado y se sentó frente a Inés.
- ¿Eres M?
- El mismo. - Su voz era muy grave. Masculina y viril. Aunque sorprendentemente su tono destilaba algo de inseguridad.
- ¿No serás ciego tú también, no?
- No, ¿por qué?
- Ah, no, es que he oido como soltabas en el suelo algo parecido a un bastón o unas muletas.
- Jeje... Es un... Un cayado. Ya sabes, me gusta la elegancia clásica. - Mintió descaradamente. Se lo acababa de sacar de la manga y ella se había dado perfecta cuenta. Además escuchó como, de forma impulsiva y probablemente involuntaria, había pateado ligeramente el supuesto cayado para apartarlo.
- Aha. - Inés dejó entrever su desconfianza. - ¿Y a qué te dedicas?
- Soy... Funcionario.
- Está muy bien. ¿De qué sector?
- Euh... Limpieza.- No decía ni una sola frase sin interrumpirse a si mismo para pensar. No estaba siendo sincero e Inés se había propuesto descubrir el motivo.
- ¿Eres barrendero?
- Algo así.- Ella imaginó que ese era el tema espinoso que le había hecho ponerse nervioso desde el principio de la conversación, así que, para calmarle, decidió hacerle saber que no le importaba en absoluto su estatus social o laboral. M había despertado su ternura.
- Oh, me encantan los barrenderos. Sois todos tan decididos e independientes. Estoy segura de que no os importa lo que la gente opina sobre vosotros, porque tenéis personalidad y carácter. Y porque no necesitáis la comprensión de nadie.
- Jeje... - Inés notó como el nerviosismo y la inquietud de su acompañante aumentaban. Y sintió, con ese sexto sentido que acaban desarrollando los ciegos y que nadie puede explicar, como M alargaba el brazo para alcanzar su copa de vino. En ese instante Inés decidió cogerle la mano de improviso. Era algo que hacía amenudo y que utilizaba para calmar a la gente que se ponía tensa por no haber estado nunca a solas con una persona ciega. Al tomar contacto con los dedos de M, durante unas décimas de segundo, pudo notar claramente que no tenía piel. Ni carne. Ni músculos. Sólo hueso. Y antes de que el cerebro de Inés pudiera llegar a alguna conclusión, su corazón se paró y su rostro desencajado golpeó el mantel que cubría la mesa.
- Oh, mierda. - rechistó M con cierta indiferencia. Se levantó de su silla, recogió su guadaña del suelo y se fue del restaurante atravesando una pared que daba al callejón de atrás.
 
Mientras caminaba por la calle, solitario y meditabundo, notó la vibración de su teléfono móvil. Lo sacó del bolsillo, abrió la tapadera deslizante y miró la pantalla. 'Ha recibido 1 SMS'. Presionó el botón superior del pequeño teclado numérico y, justo antes de estrellar el aparato contra un muro, leyó el mensaje: 'Lo he visto todo, eres un ingénuo. Dios.'.
27 dicembre

Del amor y la subjetividad

Nunca sospechó que se sentiría atraída por alguien de procedencia tan exótica, pero no pudo evitar sucumbir a sus gestos pausados, su mirada inteligente y su tez tostada por el sol. Era masculino y viril, pero siempre con un toque de sensibilidad e inseguridad. Se le notaba que no había estado con muchas mujeres pero que sabía como debía tratarlas. En sus pocos contactos con ella, siempre había sido delicado y educado al máximo. Coincidian cada mañana a la hora del desayuno y siempre había un furtivo cruce de miradas. No había ni un solo día en que no hicieran el amor en su mente durante unas décimas con tan sólo mirarse. Sin embargo, ella anhelaba tocarle y soñaba con ello todas las noches. Se estremecía de placer con sólo imaginarse el roce de sus dedos ásperos en la nuca. Pensaba en como algún día no muy lejano, él le apartaria cariñosamente el cabello del rostro para besarla con los ojos cerrados y el alma abierta. Ese pequeño gesto íntimo y sencillo la hacía enloquecer de pasión. Hasta que ese día llegó. Él se acercó caminando hacia a ella con la mirada perdida, como intentando mantener la cabeza fría para fingir autoconfianza. Ella notó el potente latir de su propio corazón al verle acercarse. Temblaba de excitación y nervios, y no podía ocultar una suave risita histérica. Él la cogió del brazo con gentileza y la instó a ir a un lugar más adecuado. Le pidió que se sentara en una silla, se acercó a ella y le apartó el pelo de la cara con delicadeza para que el objetivo de la cámara de vídeo captara bien su rostro. Desenvainó su puñal reglamentario de las milicias de Hezbollá y, con el lado serrado de la hoja, le sesgó la tráquea en tres movimientos. Luego la dejó caer al suelo para que muriera desangrada ante la cámara. Ella, entre espasmos y gorgoteos sanguinolentos antes de perder el conocimiento, consiguió esbozar un sonrisa inocente mientras le miraba directamente a los ojos. Se le veía tan guapo desde allí abajo...
24 novembre

Viejas costumbres

 - Y recordad, hijos míos, el demonio se esconde tras todas las esquinas. Sabe aquello que pensáis y jamás os atreveréis a decir. El maligno es muy listo y espera que en cualquier momento caigáis en la tentación del pecado y la depravación para poder llevarse consigo vuestra alma, y obligaros a yacer eternamente en el averno. Sed puros y no os dejéis llevar por el instinto, hijos mios, y el Señor os acogerá en su luz y gloria infinitas por los siglos de los siglos. In nomine patris, et fili, et spiritu sancti. Amén.

- ¿No cree que ya va siendo hora de dejar toda esa mierda, señor Wojtyla? - la voz venía de donde deberían estar los fieles, y sin embargo sólo había una misteriosa silueta sentada en una silla plegable, en medio del desolador vacío al que parecía dirigirse Su Santidad. Por la postura, parecía estar realmente hastiada de oír un sermón tras otro.

- Sí, tienes razón, pero es difícil deshacerse de las viejas constumbres, querido Judas.

Y juntos se fueron andando calle arriba, en dirección al Palacio de Conciertos. Aquella noche tocaban Kurt Cobain y Jim Morrison, en un dueto memorable que, ni si quiera en el Infierno, nadie pensaba perderse.
04 marzo

Las estadísticas están para romperlas

Era el partido de su vida. Todos sus esfuerzos se habían concentrado en llegar en plena forma a la final de la Champions League, y por lo visto habían dado el fruto esperado. Lo que no estaba dispuesto a soportar era que un gesto antideportivo y vil, estropeara su debut mundial. Tras una espectacular jugada individual esquivando a cuatro defensas en el área rival, fue víctima de un patadón criminal que estuvo a punto de cobrarse su integridad física. Tras revolcarse sobre el césped por el insoportable dolor durante unos segundos, se quejó al árbitro. Este ni si quiera le miró. Ignoró sistemáticamente sus gritos desesperados y su indignación manifiesta, al igual que los dos jueces de línea y el árbitro asistente. No se consideró falta ni tarjeta. Ni si quiera sus compañeros le hicieron caso. Y entonces fue cuando, herido profundamente en su orgullo, abandonó el césped y se dirigió al vestuario sin decir ni una sola palabra. Las ochenta y ocho mil personas que asistían como público, los dos equipos con cuerpo técnico y directivo incluidos, los trescientos diez empleados del club local, los cuatro árbitros, los dieciséis recogepelotas, los doscientos noventa y tres periodistas, fotógrafos y cámaras, los ciento veinte agentes de seguridad, y los catorce perros policía; todos, quedaron boquiabiertos al presenciar lo que se estaba produciendo ante sus ojos. Era la primera vez en sus vidas que veían un balón de fútbol marcharse del partido por iniciativa propia.
17 febbraio

El brazo a torcer

No soportaría otra ruptura. Tanto desamor la mataría. Tras más de veinte relaciones en diez años, sabía que si su actual novio la dejaba, como habían hecho todos los anteriores, no sería capaz de soportarlo. Por eso cada vez que iniciaban una discusión ella cedía siempre, dándole la razón y acatando su voluntad. Le hacía regalos, tenían sexo continuamente y le daba la libertad que necesitaba. Nunca le agobió con mensajes al móvil ni llamadas, ni reuniones familiares o cenas con amigos, y él estaba encantado. O eso le parecía. Hacía todo lo que estuviera en su poder para mantenerle contento, pero no por él, sino por ella. Traumatizada por los abandonos de sus anteriores parejas, se había propuesto preservar esta relación o, como mínimo, evitar a cualquier precio que fuera él quien pusiera fin al noviazgo.  

Por eso aquella tarde condujo a 180, entre lágrimas y sollozos desesperados, en dirección a casa de su chico. Aquel maldito mensaje corto en su móvil indicaba lo peor. “Lo siento mucho, preciosa. Tengo que terminar con esto. Adiós.” Debía hablar con él, hacerle entrar en razón para que no la abandonara. Estaba segura de que era la mujer perfecta que él necesitaba y quería hacérselo ver. Frenó el coche en doble fila, justo en frente del portal donde tantos besos se habían dado al despedirse cuando volvían del cine; aprovechó la salida de un vecino para entrar como una bala, buscó nerviosa su copia de la llave dentro del bolso, sorbiendo frenéticamente las lagrimas que goteaban por sus fosas nasales. Gemidos de desesperación acompañaron al crujir de la cerradura al abrirse. Entró precipitadamente, empujando la puerta con fuerza, buscando con la vista a su todavía novio. En el sofá, donde esperaba encontrarle llorando con los codos sobre las rodillas y la cabeza entre las manos, no había nadie. Miró hacia la cocina y vio su cadáver balanceándose, colgado del techo con un cinturón alrededor de su cuello macilento. Se secó las lágrimas con el dorso de la mano, suspiró de alivio y caminó tranquilamente hacia el teléfono fijo de la casa. No se sorprendió al ver su propia sonrisa reflejada en el cristal de la ventana mientras daba la dirección del domicilio a la policía. Una sola idea, liviana y apaciguadora, cruzaba en aquellos instantes por su cerebro: 

“Pudo ser peor. Pudo decirme que me dejaba.”    

27 gennaio

Reflexiones lepidópteras

¿Vale la pena abandonar la humildad y la inteligencia por la belleza y la vanidad? Me pregunto esto diariamente y sigo sin encontrar respuesta. Hablo con mis allegados y me miran como si estuviera loco. Ellos consideran que ser bello es ser poderoso, que la conciencia y la razón son recursos secundarios que utilizamos los menos agraciados físicamente, para sentirnos valorados en algún ámbito. No estoy en absoluto de acuerdo. La belleza, como todo el mundo sabe, es efímera y aleatoria; sin embargo la razón prevalece sobre todo lo demás, aunque por sí misma no sirva de nada. Pero ¿es realmente valioso algo que no es útil? ¿de qué nos sirve ser listos o tener capacidad de raciocinio si no podemos conseguir nada tangible con ello? Al fin y al cabo viviré el mismo tiempo que alguien superficial, estúpido y bello. ¿O acaso la conciencia de las cosas amplia nuestras experiencias más allá del tiempo y del espacio? ¿vivimos por tanto las mismas cosas a más niveles? ¿se puede considerar eso un enriquecimiento personal? ¿o simplemente intentamos consolarnos y engañarnos a nosotros mismos para no admitir que nacimos para fracasar? En cualquier caso, me quedo con la frase que me dijo uno de mis hermanos ayer, mientras comíamos unas hojas de morera.

- Si sabes que no tiene solución ¿para qué te preocupas? Tío, deja de comerte la olla y vete preparando para fabricar tu capullo o vas a ser el último en transformarte en mariposa.
13 gennaio

De la sinceridad absoluta y otras utopías

Tuve que dejarla. Estaba harto de su extrema frialdad y falta de escrúpulos. No me animó tras la muerte de mi madre. No se acordó de nuestro aniversario ni de mi cumpleaños. No me presentó a su familia ni amigos. Nunca se atrevió a hablarme del futuro, de sus proyectos de vida. ¿Qué tipo de novia era esa? Era una belleza. Pelo largo y negro, figura esbelta, piel blanca y suave, pero su pasividad me ponía enfermo. Nuestras conversaciones eran prácticamente un monólogo por mi parte, y cualquier relación sexual implicaba un ambiente de rutina que aburriría a una piedra.

Todos esos detalles pude soportarlos unos meses. Me consolaba pensando que el tiempo cambiaría su actitud, que sería menos distante y me otorgaría más confianza. Estaba dispuesto a ganármela a pulso por todos los medios posibles, pero hubo algo que colmó mi paciencia. Había oido rumores al respecto pero nunca llegué a tomármelos en serio, hasta que una tarde de marzo encontré entre nuestros documentos importantes una pequeña hoja de papel que lo aclaró todo.

Esa hoja fue la que me impulsó a recoger mis cosas y marcharme, dolido y engañado. Era un papel blanco en el que aparecía mecanografiado su nombre y apellidos, con una cruz negra al lado izquierdo y un breve texto en letra pequeña debajo.

La muy zorra nunca me dijo que estaba muerta, tuve que enterarme por una esquela.
05 gennaio

La poética del remordimiento

Buscó el número de su novia en la agenda del móvil, y presionó el botón verde.

- ¿Qué quieres? - Su voz era tremendamente fría. Estaba enfadada.
- ¿Cariño...?
- No me llames así. Ya no estamos juntos. ¿Qué quieres?
- Sólo quería pedirte perdón por lo que te hice. Fue sólo una aventura, yo te quiero a ti.
- ¿Qué es ese ruido que se oye de fondo?
- El viento. Cariño, te juro que yo sólo te quiero a ti, eres la mujer de mi vida. Quería que lo supieras.
- Ahora ya es un poco tarde ¿no te parece? - Su sarcasmo era punzante, rígido.
- Ni que lo digas...

Y tras mil cuatrocientos cincuenta y dos metros de caída libre desde la avioneta, él y su culpabilidad murieron aplastados contra el asfalto.

02 gennaio

La sonrisa de Valeria

Sus novios nunca quisieron besarla en público. Sus amigos se sentían incómodos al conversar con ella delante de otra gente. Cuando comía en algun restaurante, todo el mundo intentaba mirar hacia otro lado, escandalizados y abochornados. Sus relaciones sexuales fueron siempre angustiosas y muy tensas. No le invitaban a bodas, bautizos, comuniones, despedidas de soltera, fiestas privadas ni cenas de antiguos alumnos. No era bienvenida en ningún evento social. Y lo notaba. Todo el mundo lo notaba. Sin embargo Valeria era una chica muy guapa. Estatura media, pelo largo y ondulado de color rojizo, piel fina y delicada, ojos de un azul intensísimo, labios carnosos y sensuales, dientes perfecto, cuerpo esbelto, senos grandes y firmes, cintura marcada, piernas de ensueño. Además también era culta, humilde, simpática, generosa, sincera, amable, inteligente, responsable, cariñosa, femenina, sociable, educada, natural, trabajadora, voluntariosa, creativa, solidaria e ingeniosa.

La verdad es que nunca entendió el comportamiento distante e intranquilo que todo el mundo mostraba con ella. Aunque supuso que el hecho de tener la boca donde debería estar la vagina, y viceversa, tenía algo que ver.
28 dicembre

Falsas esperanzas

Son todas unas zorras. Sonará misógino, pero no hay más explicación que esa. Tres horas (tres!) siguiéndola por todo el hipermercado disimuladamente pero dejando que se vieran mis intenciones. Intercambios de miradas que no dejaban lugar a dudas. Sus contoneos eran la respuesta. Ese precioso culo apretado y eso inmensos pechos asomando por su escote. Una auténtica diosa de unos 25 años paseando su carrito vacío por el establecimiento. Era obvio que buscaba algun tío con el que pasar el resto del día intercambiando fluidos en cualquier motel de carretera. Y ese era yo. Estaba completamente seguro de que aquella noche acabaría tirándome a esa rubia de mirada felina y labios carnosos. Me decidí a dar el paso definitivo y caminé hacia ella mirándola fijamente mientras me sonreía. Su cara parecía expresar un 'ya era hora'. Se le notaba que llevaba rato esperando a que yo tomara la iniciativa, y al fin lo hice.

- Hola preciosa.
- Hola guapo, ¿cómo te llamas?- santo Dios, era un jodido ángel caído del cielo. Su voz era dulce y acaramelada. Desprendía un sutil olor a perfume caro. Y no dejaba de sonreirme.
- Roberto ¿y tú?- no me dejé intimidar. No pensaba titubear ni un sólo instante. Soy un tío seguro de mí mismo. Conozco mis posibilidades y sabía que la presa estaba ya atada.
- Me llamo Mayra. Toma, cielo.- me ofreció algo con su mano derecha cerrada y lo dejó caer sobre la mía.

Al principio supuse que era alguna nota subida de tono diciéndome el lugar y la hora para nuestro encuentro. Pero no. Cuando noté la forma y el peso de aquel objeto en mi mano, no podía creérlo. Miré lo que era y vi que no me equivocaba. Desconcertado y herido en el orgullo, la miré a los ojos con rabia.

- Zorra asquerosa.

Di media vuelta y me largué de allí indignado y dolido. Volvi junto a la sección de carnes, donde mi madre seguía comprando y le cogí la mano. Mentalmente, seguía maldiciendo a aquella maldita ramera rubia. De acuerdo que yo tuviera seis años, pero regalarme una puta piruleta me parecía un insulto.
27 dicembre

Escepticismo

Los dos jóvenes yacían tumbados en la arena, observando las estrellas con plácida tranquilidad.

- Oye... ¿tú crees en los OVNIs?
- ¿Los qué?
- Sí, ya sabes: Objetos Voladores No Identificados.
- Ah! Seres de otros planetas! Pues no mucho, la verdad.
- ¿En serio? El universo es muy grande, puede que no estemos sólos.
- Sí, pero entonces ¿porqué no se han puesto en contacto con nosotros?
- Al igual están tan avanzados que nos observan sin que lo sepamos. Puede incluso que ya estén entre nosotros, y entre los que nos gobiernan. O Puede que hasta estén planeando una invasión o la erradicación de todo ser vivo.
- ...
- ¿Qué pasa?
- Creo que has visto demasiadas películas de ciencia-ficción. Vámonos, o tu madre te castigará por llegar a estas horas.

Se levantaron del suelo con pereza sacudiéndose el polvo de sus ropas y se marcharon caminando por donde habían venido. Era una noche bonita y brillante, pero empezaba a hacerse tarde y era mejor no tentar a sus progenitores. Las madres de Marte suelen ser muy estrictas con sus pequeños.

18 dicembre

Normas del local

La multitud hacía cola en la puerta de la discoteca. Después de Freddy Krueger llegó el turno de Superman.

- Lo siento, no puedes entrar. - le dijo un Bugs Bunny de metro noventa y siete.
- ¿Cómo? ¿Por qué?
- Sólo se permite un disfraz por personaje, y ya hemos dejado entrar a un Superman. Este local tiene caché y reputación, y su fiesta de carnaval no va a ser menos. Aire.
- Pero...
- Lárgate, hay gente más original que tú que está esperando para entrar. - esbozó una sonrisa de disculpa cínica, llena de soberbia y prepotencia.

El chico disfrazado de Superman miró a los ojos al guardia de seguridad de grandes orejas grises con ira e impotencia. Cuando estaba a punto de empezar una airada discusión verbal, pareció recapacitar.

- Bah! - sacudió la mano al aire en gesto despectivo, dió media vuelta y tras correr unos pocos metros echó a volar en dirección a otra discoteca menos selectiva.

16 dicembre

Las palabras mágicas

Estaba radiante. Siempre se suele decir eso de una novia el día de su boda, pero esta vez era completamente cierto. Todos los invitados la miraban sonrientes y emocionados. Su belleza iluminaba las caras de los presentes. Entró por la puerta de la iglesia acompañada de su padre, y avanzó hacia mi paso a paso por el pasillo central, tal y como habíamos estado ensayando semanas atrás.

Se sentó ante el altar y empezó la ceremonia. Había tanto amor entre nosotros que no pude dejar de mirarla durante todo el sermón. Ella sonreía y me miraba tímidamente. Sus profundos ojos azules brillaban de ilusión, y por sus mejillas goteaban las lágrimas. Su mirada dirigida al suelo, ausente, parecía demostrar que toda nuestra vida juntos estaba pasando en esos momentos por su mente, como una película. Un pequeño escalofrío pareció sacudirla. Probablemente estaba recordando una de mis caricias o besos, en alguno de esos momentos que quedan grabados a fuego en la memoria, como una postal de aquello que nos hace felices.

Tras veinte minutos de sermón, al fin, dije las palabras mágicas que todo el mundo estaba esperando oír:

- Yo os declaro marido y mujer. - y algo dentro de mi se rompió para siempre.
15 dicembre

La ineludible decisión de Inmaculada Llorent

Inmaculada Llorent había decidido abortar. No tenía ni ganas ni los medios económicos suficientes para criar y mantener a un niño. Estuvo toda la noche sopesando los pros y los contras, mientras contemplaba los artículos infantiles que le habían regalado días atrás. Una cuna azul con pequeños juguetes colgando sobre el lecho, un osito de peluche con una gorra ridícula, un kit completo de higiene infantil con todo lo que una ‘madre 10’ pudiera necesitar en caso de emergencia. Debería vender o regalar todo eso, pero no era un asunto que la preocupara en exceso. La decisión verdaderamente importante sólo tenía dos respuestas posibles: sí o no. El balance final la había llevado inhexorablemente, razón tras razón, hasta el definitivo ‘sí’. Y ya no pensaba echarse atrás.

Se levantó de la cama con frialdad, sin pararse a pensarlo por última vez, evitando las dudas. Se dirigió a la cuna que tenía a un par de metros, con la almohada entre sus dos manos, a unos centímetros de su pecho y con la mirada fija en el bebé que yacía allí dormido. Debía hacerlo y lo hizo. Abortó, aunque tuviera que ser algo más tarde del plazo estipulado por la ley.

 
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